Trascendiendo el debate sobre la “Neutralidad de la red”

La democracia y otros ideales

¿Qué es la democracia? “El gobierno del pueblo” se puede responder en automático. Pero en los hechos, una definición de lo que pudiera o no ser democrático es más complicada que la que ofrece un diccionario.

Una constitución que declarara simplemente a una nación como “democrática” sin definir puntualmente mecanismos para establecer un gobierno representativo, un sistema de contrapesos y las garantías a derechos esenciales como el de asamblea o el de la libertad de expresión no serviría ningún fin a sus ciudadanos tal como a los habitantes de la vieja República “Democrática” Alemana de poco les servía el adjetivo que pretendía maquillar a un Estado abiertamente autoritario.

Y es en esas definiciones puntuales donde no existe un acuerdo universal respeto a qué pudiera ser o no “democrático”. Una queja frecuente al sistema político mexicano es la carencia de mecanismos legales de consulta directa a la población como el referendo o el plebicito. Tal queja se contrasta con la opinión de académicos como Giovanni Sartori que, con sus universalmente aceptadas  credenciales democráticas, es un escéptico de las democracias directas y del dejar a manos no expertas las decisiones puramente técnicas que frecuentemente enfrentan los Estados modernos.

Neutralidad funcional

La búsqueda del término “net neutrality” entrega 127,000 resultados en Google Scholar. Además de tantos artículos académicos muchos más artículos de opinión se han publicado para discutir sobre si el concepto de “neutralidad de la red” es un principio esencial o no para el funcionamiento de la Internet “como hoy la conocemos”.

Después de leer varios documentos sobre el tema, me parece que pocos debates hoy son tan estériles como éste. Expuestos en largos monólogos llenos de dogmatismos que parten de condenar al adversario, las opiniones que se vierten sobre el tema generalmente cometen el error de someter a discusión problemas concretos sin partir de un marco de referencia sólido para el análisis. Y lo anterior puede expresarse aún sin tomar en cuenta cómo el nivel de debate fue severamente degradado cuando los dos principales partidos políticos en los Estados Unidos tomaron posiciones antagónicas sobre el tema.

La idea de que la red debía ser “neutral” (permitir el libre flujo de contenidos sin tratos especiales a cierto tipo de contenidos) evolucionó de lo particular a lo general. El principio de “conectividad punta a punta” (end-to-end principle) fue un concepto ingenieril que guió el diseño del software y los equipos que componen la infraestructura de Internet para integrar una red que no debía ser responsable de verificar la correcta entrega de información a su destinatario (dejando tal responsabilidad a sus “puntas” o equipos y software “terminales”) y de ahí evolucionó al inicio del milenio en la idea de “neutralidad” donde ninguna entidad particular, comercial, gubernamental podría interferir en el absolutamente libre tráfico de contenidos en Internet.

De esta manera, lo que sería una guía para el diseño de la tecnología de Internet, se pretende sea Política de Estado (o peor aún, axioma incuestionable por encima de las facultades de los Estados) para discutir temas tan diversos y con profundas implicaciones políticas y sociales como la descarga de contenidos protegidos por el derecho de autor, la conveniencia o no de mantener operando a sitios como Wikileaks o el filtrado de contenidos que hacen diversos gobiernos dictatoriales.

Mientras tanto, la realidad es que la  Internet “como hoy la conocemos” debe mucho a la violación de los ideales de neutralidad y es en los hechos una red que integra múltiples elementos que sí intervienen proactivamente en el trato diferenciado a los contenidos que transportan. Previamente he mencionado varios ejemplos (ver post) a los que agregaría la evidencia de las empresas que han hecho un gran negocio en facilitar la entrega de contenidos de forma más eficiente respecto al promedio de la infraestructura de la Red como es el caso de : Akamai, Amazon Cloud Front e Internap por mencionar sólo algunos ejemplos.

De la misma manera como es un despropósito proclamar la existencia de la “Democracia” sin dotar a una sociedad de las definiciones concretas de reglas e instituciones que constituyan un verdadero régimen democrático; insistir sin más en la defensa de la “neutralidad de la red” es una propuesta que poco o nada hace para fortalecer a la Red y los servicios que de ella dependen.

Reconocer a la neutralidad de la red como un concepto que representa tan solo un ideal, que sin definiciones concretas en instituciones y regulaciones que la soporten no servirá de mucho para favorecer el desarrollo de Internet, es un primer paso para abordar esas grandes discusiones que incrementarán su relevancia conforme las sociedades y economías incrementen su dependencia de la Red.

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